Fallece director teatral uruguayo Carlos Aguilera

Asunción, 20 de mayo de 2009
Ayer a la mañana falleció en Montevideo, Uruguay, el director teatral Carlos Aguilera, quien durante más de dos décadas estuvo ligado al quehacer escénico en el Paraguay, a través de su colaboración con Arlequín Teatro. Precisamente su director, José Luis Ardissone, escribió una semblanza cuyos párrafos principales reproducimos.

“Cuando un amigo se va queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. “Nunca en mi vida ligada al teatro esta frase fue tan verdadera. Carlos no era solo un gran director, un gran artista, era fundamentalmente un gran amigo, un verdadero hermano. Con él compartimos, junto con mi familia, con la querida y añorada Tessie, con mis hijos Alejandra, Irene, Pablo, Fabrizio y Bruno reuniones familiares y la emoción de cada estreno en el teatro.

En gran medida, Arlequín es hoy la institución sólida que es gracias al trabajo y el talento de Carlos Aguilera,

Su llegada a nuestra casa en 1983 para dirigir ‘La casa de Bernarda Alba’ marcó un hito en la historia de nuestro teatro, no solo en la del Arlequín, en la historia del teatro paraguayo.

Con Carlos al frente de talentosos elencos subieron a nuestros escenarios tragedias griegas, obras de Shakespeare, Moliere, García Lorca, Arthur Miller, Tenneessee Williams, Anton Chejov y grandes autores latinoamericanos y paraguayos.

Más de cuarenta puestas en escenas bajo su dirección forman parte de nuestra historia: ‘Las Troyanas’, ‘Hamlet’, ‘Bodas de Sangre’, ‘Madre Coraje’, ‘La muerte de un viajante’, ‘El zoológico de cristal’, ‘Doña Rosita la Soltera’, ‘El grito del Luisón’, ‘La Celestina’, ‘Caserón de añejos tiempos’, ‘Aeroplanos’, ‘La Esperanza S.A.’, ‘Sueño de una noche de verano’, ‘La Piaf’, ‘Romeo y Julieta’; ‘Tartufo’; ‘El jardín de los cerezos’, ‘Las últimas lunas’ son algunas de las obras que lo tuvieron como director.

Su entrega apasionada a todo lo que hacía, el talento con el que encaraba cada puesta en escena , el humor y la simpatía que desparramaba a su alrededor, lo convirtieron en un personaje imprescindible en la vida teatral de Arlequín.

Una talentosa generación de actores se formó en el Taller de Interpretación que él dirigió en 1984-85 y 86.

El Festival de Mayo del Teatro Internacional organizado por Arlequín lo tuvo como uno de sus propulsores más activos.

Pero no es solo su valor artístico inmenso lo que lo hace irreemplazable e inolvidable.

Es sobre todo su calidad de ser humano, solidario y fraterno”, escribe José Luis Ardissone.

Muchos actores que hoy son directores y prosperan en el rubro se formaron con él, tal como Juan Carlos Cañete, de Equipo Teatro.

"Casi toda mi base se la debo a él. Dentro de lo que es la formación actoral y personal; fue mi profesor en la vida", confiesa el reconocido actor y director Cañete.

María Elena Sachero rescata la disciplina férrea del director. "Fue un gran maestro, muy disciplinado con sus actores. Además, podía dirigir varias obras cada vez que venía a este país, al que consideraba su segundo hogar".

"Decir Carlos Aguilera era decir éxito seguro. Era muy creativo", asegura, a su vez, Margarita Irún, quien trabajó con él en unas 30 propuestas teatrales.

"MARCÓ UN HITO EN EL TEATRO"

"Fue un gran maestro y amigo. De creatividad genial, imaginación sin límites y disciplina inalterable. Nos enseñó lo que sabía con generosidad. Decía que el talento, el cuerpo y la voz se podían trabajar, pero no la pereza, que viene enredada con falta de disciplina y compromiso, y la que no admitía. Fue fascinante dejarse dirigir por él. Carlos marca un hito en el teatro paraguayo de los últimos 30años."


Asunción, 21 de mayo de 2009
Carlos Aguilera fue sepultado en Uruguay
Ayer fue sepultado en Montevideo el director teatral uruguayo Carlos Aguilera, quien durante más de 25 años estuvo ligado a nuestro país, especialmente a través de Arlequín Teatro. La actriz Ana María Imizcoz escribió unas líneas con respecto al que define como “un gran maestro y un gran amigo, de una creatividad genial, una imaginación sin límites, y una disciplina inalterable”.

“El llega y se instala en el Teatro Arlequín en los años 80 y nos enseña, enseña, enseña… Todo lo que puede, todo lo que sabe, con una generosidad cuyo único límite era que el actor o la actriz se rindiera a la pereza. Decía que el talento, el cuerpo y la voz se podían trabajar, pero no ‘la pereza’ que suele venir enredada con falta de disciplina y compromiso. Eso no lo admitía y lo combatía con rigor incansable”, dice Imizcoz.

“Carlos tenía un sentido del humor genuino, era ingenioso, incisivo y muy inteligente. Era divertidísimo verlo dirigir y fascinante dejarse dirigir por él y cuando ‘tenía que sacar el látigo’ porque no estábamos respondiendo como el pretendía, se ponía histérico”, escribió Ana María Imizcoz.


Fuente: Diario ABC Color y Dirio Ultima Hora