Ab ovo, orgullo nacional

Semana: #22/2009 - 24 al 31 de mayo de 2009
Nuestra idiosincrasia nos hace reacios al elogio. El talento ajeno nos ofende, no patea el hígado. Salvo en el plano futbolístico, donde tenemos una decena de hombres endiosados, los paraguayos abominamos la idea de tener ídolos locales. Por ahí, si tenemos como mínimo 50 años, nos bebemos los vientos por Luis Alberto del Paraná.

Por eso, después de haber visto “Ab Obolo” en el teatro del Centro Paraguayo Japones (Viernes a domingo, Sábado dos funciones, última semana) quiero romper con la tradición y en lugar de hablarles de este espectáculo (soberbio, dicho sea de paso) gritar en cuerpo catástrofe: ¡Qué grande Ab Ovo!, ¡Qué mostro”, ¡Qué capo!, “I valé la Ab Ovo!. Ahora son tres los que quedan del grupo inicial: por orden alfabético, Apuril, Tony; Benítez, Alberto e Ibarrola, Tito. Pero desde aquella formación surgida de las veladas del salesianito, ya pasaron 20 años a puro risa, a puro humor inteligente, a puro espectáculo montado con excelencia, a puro respeto por el público.

Hasta el “gag” más efímero, aún ese que dura 10 segundos es tratado con minuciosidad de relojero. Cada instante tiene la luz, la música, el vestuario, el maquillaje y las bambalinas ideales. Y eso no es poco si se tiene en cuenta que por hablar sólo de “Ab Obolo”, en una hora y veinte minutos hay casi trescientas situaciones destinadas a provocar la risa.

Y Ab ovo además, jamás buscó solo la risa (para eso solamente, se hubieran dedicado a vender plumas para que la gente se haga cosquillas). En cada cuadro hay una toma de posición política, social, económica, moral, académica, deportiva, farmacológica, incidental, retrospectiva, confesional, intracultural y, por qué no decirlo poliédricoabrangente. Así que no es bola lo del título: Ab ovo, orgullo nacional.

Fuente: El Universitario (Año VI - Nº 65)
Por Alberto Peralta

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